Charla para Master y Practitioner en PNL – Francisco Prochaska y el caso Karadima
Francisco Prochaska Vecsey, integrante del círculo directo de Fernando Karadima, durante los años 80 y, una de sus principales víctimas, ha compartido con los Practitioner y Master egresados de CELADE, su experiencia terapéutica con las herramientas de la PNL.
Junto a Enrique Célèry, Coach y Therapist en Programación Neurolingüística (PNL), Prochaska, analizó los resultados que ha conseguido durante cada sesión de PNL, en su búsqueda por sanar aquellos episodios personales que marcaron su vida junto a Karadima y, los que tuvo que afrontar tras su salida de la parroquia de El Bosque.
En la sala mayor de LG Group, ante más de 30 Practitioner y Máster en PNL de CELADE, Francisco Prochaska, entregó su testimonio acerca de cómo, las técnicas de la PNL, le han ayudado a descubrir nuevos puntos de vista acerca de su propia historia personal y de sus capacidades, las cuales, por muchos años, fueron anuladas gracias a la sistemática presión psicológica que recibió durante su vida en El Bosque, junto a Karadima.
A través de su relato, lleno de anécdotas personales y de gran significado, Prochaska, describió en qué momentos, profesionales y personales, aplica las técnicas de PNL que aprendió junto a Enrique Célèry, (Ancla, Encadenamiento de Ancla, Cambio de imágenes personal, etc.), y que le han permitido mirar con nuevas perspectivas, situaciones que, habitualmente, eran adversas. Así mismo, profundizó en aquellos hitos que marcaron su vida y que conformaron su visión acerca de su futuro, marcado en gran medida por el tema espiritual, bajo un “horizonte católico”.
Hijo único de inmigrante autrohúngarons que llegaron a Chile tras la Segunda Guerra Mundial, Prochaska creció en un marco cultural y educacional diferente al chileno; un marco feliz, pero distinto, lleno de contrastes frente a sus compañeros, donde su visión de vida partía de la práctica de la ‘sana doctrina’, en la que: “Todo lo que uno hace, debía tener un sentido”, y, por ende, sus costumbres y hábitos, aun siendo un niño, seguían ese objetivo.
Académicamente, siempre fue un alumno destacado, quien más por orden que por inteligencia, según sus palabras, lograba sobresalir entre sus compañeros. Incluso, llegó a ser designado como presidente del centro de alumnos de su colegio – El Verbo Divino-. Una responsabilidad que, paradójicamente, no coincidía con la percepción que tenía acerca de sus propias habilidades.
Bajo este contexto, Francisco compartió con los asistentes, cómo fue construyendo su personalidad y su visión de la vida, tomando como base los conceptos de ‘transparencia y la bondad’. Así mismo, relató cómo la figura de Karadima captó su interés, tomando en cuenta que su propio colegio avalaba sus charlas y, entre sus compañeros, circulaba el mito de su ‘santidad’.
¿Cómo no escucharlo?
En medio del relato, Enrique Célèry le preguntó qué le llevó a vincularse con El Bosque y la figura de Karadima, a lo que respondió que, en un principio, sintió que el sacerdote representaba la espiritualidad, el ‘jugársela por una opción”, donde su discurso, animaba a los jóvenes a no tener miedo a demostrar su fe. Por tanto, no fue de extrañar que el captara su atención y quisiera comprender su mensaje, el cual poseía una “gran potencia y era muy convincente”, construido sobre verdades espirituales ‘radicales’ que entregaban una gran seguridad, a quienes deseaban seguir una formación eclesiástica.
Gracias a los encuentros que se organizaban en El Bosque y las misas celebradas por Karadima, tuvo la oportunidad de conocerlo y de descubrir la vida que proponía la parroquia. Ahí encontró amigos que compartían sus mismos valores e inquietudes, por tanto, comprendió que estaba rodeado de “gente de bien”, que debatía sobre los mismos temas que él hablaba cuando era pequeño.
Según Prochaska, en El Bosque ‘encontró una familia’, justo en un momento de su vida en que se debatía entre el miedo al fracaso académico y la creciente inquietud por el tema espiritual, donde la figura de “El Líder”, crecía con fuerza y ‘cegaba’, producto de la admiración y poder que inspiraba, ya que representaba, las grandes verdades de la espiritualidad que todos deseaban alcanzar.
¿En qué momento decides abandonar el camino académico y dedicarte a la parroquia?, le preguntò Célèry, a lo que Francisco contestó que, llegó un momento, en que la vocación religiosa no permitía ambigüedades, por tanto, decantó por comprometerse por la misión católica que proponía El Bosque, “jugándosela” por llevar una vida espiritual para ganarse el cielo, cumpliendo con las normas de sacrificio y disciplina que exigía, hasta el punto de ‘cumplir’ con la ‘renunciar a sí mismo’, para lograr ser ‘más santo’ y recibir las ‘alegrías espirituales’.
Por su parte, ante los ojos de Karadima, la manera de llegar a la santidad era a través de la obediencia; un tema peligroso, pero que él manejaba a la perfección y utilizaba para mantener la estructura jerárquica bajo su control. Una estrategia que llevó a Prochaska a sentir que ser su brazo derecho, significaba un privilegio.
Para el sacerdote, Francisco poseía todas las capacidades necesarias para cumplir a la perfección aquel rol: era práctico y hábil para construir, armar y reparar, por lo que no tuvo dudas en entregarle, paulatinamente, mayores responsabilidades hasta el punto de condicionar su vida a sus propias necesidades.
Por su parte, Prochaska aceptó aquel rol desde el único punto de vista que validaba: ‘siendo el más humilde’; aquel que ejecutaba con gran precisión, las labores que nadie estaba dispuesto a desempeñar.
Ahora bien, ¿cómo no reaccionar ante el detrimento total de la autoestima?, le preguntó Enrique.
Según Francisco, dada las circunstancias, ‘se perdona’, ya que dentro de la santidad que cubría al sacerdote, gracias a sus ‘errores y chascarros’, demostraba que poseía rasgos propios de una persona ‘humana’. “Algo muy difícil de explicar”. Bajo este contexto, insistió Enrique: ¿qué gatilló que mirara más allá de los muros de El Bosque?
Para Prochaska, una anécdota en particular marcó el cambio de perspectiva de su realidad en El Bosque. Él, quien conocía la rutina eclesiástica, reconocía en ella, instancias de gran enredo, castigo, comandos y retos, por tanto, pensaba que de llegar a ser sacerdote, no sería capaz de encajar en aquella dinámica. Por tanto, un buen día, mirando por la ventana que deba a la Torre de El Bosque, mientras vigilaba la puerta tras la que el sacerdote dormía la siesta, se preguntó: “Si Dios es mi padre, ¿Qué querría para sus hijos?; ¿Qué querría para mí?”, a lo que automáticamente se respondió: el bien. Por tanto, en ese momento, no resultaba lógico lo que estaba sintiendo; no era lógico que su vida en la Iglesia le provocara sufrimiento.
Así transcurrieron cerca de 10 años de su vida, tiempo en el que su vocación sacerdotal pasó por ciclos de altos y bajos, donde la propia figura de Karadima, paradójicamente, se convirtió en una traba para avanzar, ya que, según cuenta Francisco, él era de gran utilidad para su vida cotidiana y que, sin su presencia, ésta se veía gravemente afectada. Por tanto, paulatinamente, todo su trabajo comenzó a girar en torno a las constantes demandas de Karadima, donde mantener su ‘favor’ era tarea diaria, gracias a su capacidad de manipular los estados emocionales de quienes lo rodeaban.
Con la distancia de los años, y tras salir de El Bosque, Francisco manifestó que el haber confundido a la ‘persona’ de Karadima con el ‘ideal espiritual’ que deseaba alcanzar, así como el concepto de ‘ser orgulloso de la humildad’ con el de ‘humillación’, determinaron, en gran parte, su inseguridad personal y su alineamiento con la doctrina del sacerdote, donde sin darse cuenta, minó su sensatez hasta el punto de alejarse de su familia para mostrarse, ante su comunidad, como un miembro comprometido con la figura del líder.
Fue así como decidió encarar a Karadima.
¿Cómo logró enfrentar al Líder?
Desde la visión de Francisco, lo consiguió “siendo consecuente con lo que quería ser”, demostrando ‘Valentía’ a la hora de reconocer que no estaba siendo feliz, al menos, siendo parte de El Bosque, aun cuando había intentado calzar con las normas que imponía la vía sacerdotal.
En ese momento, Karadima no mostró mayor resistencia ante su declaración de dejar el camino del sacerdocio, quizás, como reconoce Francisco, porque veía en él cierto ‘peligro’, ya que algunas situaciones cotidianas lo había confrontado abiertamente, marcando, de alguna manera, su relación. Por tanto, el sacerdote aceptó que abandonara la parroquia, no sin antes haber encontrado una pareja.
De esta manera, tras esa conversación, Prochaska tuvo la oportunidad de tomar otro camino, y decidió hacerlo ‘sin apuro’. Comenzó a trabajar, conoció a su mujer y comenzó una nueva vida.
Lo consiguió, aun cuando seguía cargando las propias inseguridades de alguien que había pasado, 20 años de su vida, dentro de una parroquia. De hecho, y para su propia sorpresa, logró ascender rápidamente en cada trabajo que realizaba, hasta el punto de desempeñar cargos de responsabilidad en reconocidas empresas nacionales. Una situación, como menos ‘curiosa’, considerando que el sacerdote y su comunidad, no lo reconocían de la misma manera.
¿Qué ocurrió cuando se destapó el caso Karadima?, le preguntó Enrique Célèry, a lo que Prochaska, respondió que en ese momento, sintió que todo se derrumbaba, principalmente, porque sentía que era una paradoja que hechos tan graves sucedieran en un lugar donde él, personalmente, había vivido momentos de gran felicidad, junto a personas de una gran integridad valórica.
Sin embargo, sabía que de ser verdad, no solo se quebraba su visión sobre la fe, sino también, su vida social. Desde ese punto de vista, comprendió rápidamente, que incluso su propio entorno lo etiquetaría bajo términos de “homosexual’, ‘abusado’, ‘encubridor’, etc”, aun cuando todo fuera mentira. Sin embargo, también sabía que “él tenía su verdad y, por tanto, nada que esconder al respecto”. Por ende, sabía que él era el único que podía defenderse.
De esta manera, afrontó uno de los momentos más críticos de su vida, comprendiendo que quien había sido ‘como un padre durante años’, aparecía en los medios de comunicación acusado de los más aberrantes abusos, físicos y psicológicos, registrados en la Iglesia católica chilena.
En un inicio, reconoció Prochaska, no comprendió lo que ocurría, sobre todo, porque su experiencia no calzaba con aquella historia. Sin embargo, con el paso del tiempo, los testimonios de sus amigos y tras el fallo del Vaticano, declaró su quiebre con la doctrina de El Bosque, contando su historia en CIPER.
Reconoció, por tanto, de manera consciente, que había sido violentado, psicológicamente, durante décadas por este sacerdote. Para superar esta etapa, Francisco comprendió que el único camino que le permitiría liberarse de juicios y estigmas, era ‘abriéndose’ ante los otros, dejando que su entorno más cercano le preguntara lo que quisieran, ‘las veces que quisiera’.
Sin embargo, tiempo después, reconoció que era necesario que profundizar en el ámbito terapéutico, buscando ayuda profesional para resolver aquellos temas pendientes relacionados con sus inseguridades. Fue así como comenzó una terapia psicológica con una psiquiatra que le entregó importantes claves para su recuperación, donde el terapeuta ‘no era un mago’, sino más bien, alguien que le entregaba herramientas para que él mismo fuera el responsable de ‘arreglar’ su propia historia.
Un concepto que volvió a encontrar y a profundizar en las técnicas de la PNL que fue aprendiendo, sesión a sesión, con el apoyo de Enrique Célèry. Herramientas que hasta la fecha, le han permitido transformar sus propias creencias limitantes, observar desde nuevos puntos de vista sus propias capacidades sociales y laborales y descubrir capacidades y habilidades olvidadas.
“Todo suma”, afirmó al final de la charla, considerando que sea cual sea nuestra historia personal, siempre estamos a tiempo de pensar ‘cómo nos gustaría ser’ y, de cuestionarnos, ¿por qué no conseguirlo?
Al finalizar, Prochaska agradeció la instancia organizada por CELADE para compartir su experiencia terapéutica y compartió una ronda de preguntas, respondiendo con gran honestidad y generosidad, todos los temas que le propusieron los asistentes, demostrando que siempre es posible ‘ reescribir la historia personal con el fin de que sea un aporte para los demás.
Si te interesa conocer más acerca de los aportes de la PNL a la vida cotidiana o quieres formarte como Practitioner o Master en PNL, no dudes en contactar con nosotros.
¿Está interesado?
Póngase en contacto con nosotros, responderemos a todas su dudas.